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Mucho ruido y pocas nueces en la comunicación

Qué complicado resulta a veces seguir las noticias de lo que pasa en el mundo. Cuantos más canales tenemos a nuestro alcance mayor parece la sensación de ruido, o de no tener muy claro quién tiene la verdad sobre lo que ha pasado. Unos te cuentan una verdad a medias, otros están desinformados… ¿Cómo saber realmente la verdad de las cosas? Sobre todo con las prisas que tiene el mundo de hoy en día, en el que hay que informar casi al minuto de lo que sucede, sin posibilidad de contrastar o de una mínima reflexión. Y encima hay que luchar para conseguir un hueco mínimo que garantice algo de atención por parte de lectores, oyentes o espectadores.

Es ciertamente un problema a resolver todavía, en un mundo con mucha actualidad y muchos tipos de medios, así como de públicos potenciales para esos mensajes. Antes el control de los medios de comunicación estaba concentrado en muy pocas manos y eso favorecía que la mayoría de la población recibiera de forma masiva los mismos mensajes. Las familias se concentraban en torno a la televisión para ver los mismos programas, ante la falta de otras formas de ocio barato o gratuito, y al día siguiente todo el mundo lo comentaba en persona, ya fuera en la oficina, en el patio del colegio o en el supermercado. Ahora todo ello ha cambiado. Ahora hay muchos más canales entre los que elegir, muchos de los cuales se limitan a emitir contenidos antiguos, repetidos  o comprados a granel de otras cadenas extranjeras. Ahora los programas se comentan en directo mientras se emiten gracias a la inmediatez de las redes sociales, que además han dejado obsoletas antes de tiempo las posibilidades de interacción que incluye la TDT.

Es ciertamente un panorama complejo. Ahora los esfuerzos de los editores se basa en conseguir captar la atención del lector que va bajando rápidamente el scroll de su pantalla, o del espectador que zapea y solo ve un par de segundos de la emisión antes de cambiar de canal. Todo es más directo, más brusco. Es una espiral en la que están metidos casi todos los medios de comunicación de masas, y que paradójicamente deja un importante hueco para ciertas minorías, ciertos nichos de consumidores de información que demandan unos contenidos específicos creados para ellos, en los que primen el reposo, el análisis y el buen gusto. Pero esos medios e iniciativas evidentemente no se financian solas, y tienen el problema de que no cuentan normalmente con el apoyo publicitario de las grandes empresas ni el respaldo de las grandes corporaciones, y por ello tienen que buscar el apoyo financiero de los mismos lectores. Definitivamente el panorama ha cambiado, y de qué forma.

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